Funkiwis + Batracio: Imposible mantener la compostura

En el colegio, en el instituto, en la universidad, en el trabajo, en casa, en la calle, en la panadería, en el bar, en casa del vecino. No importa de dónde vengas ni a dónde vayas, siempre tendrás que gastar energía fingiendo ser un poco más persona y un poco menos animal. Aunque a mí no me has engañado, así que muy bien no lo estarás haciendo.

Por suerte para nosotros, la mentira tiene las patas muy cortas, y de vez en cuando todos necesitamos nuestra breve dosis de adrenalina. Saltar, sudar, destrozarte los pies, los tobillos. Gritar.

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Pedir perdón mil veces por todos los codazos que has dado sin darte cuenta, porque casi podrías decir que has perdido la noción de ti mismo para pasar a formar parte de una unidad con todos aquellos que saltan, sudan, se destrozan los pies, gritan y empiezan a bailar contigo al quinto codazo que le sueltas en la espalda. Se han convertido en tus mejores amigos.

Todos necesitamos, al menos una vez al mes, ese momento que nos sirva de detonante para volver a ser, por una noche, los animales salvajes que llevamos dentro. Y volver a casa acordándote de esa pobre profesora de ciencias naturales que te decía que los anfibios eran inofensivos.

Eso lo escribió una destrozada “yo” que llegaba a casa en la madrugada del 17 de diciembre y no quería dejar en su cabeza todas esas ideas. Y añado algo más: ¿Tres consejos si tu plan para esta noche es ir a un concierto de Batracio y Funkiwis?

1. Si vas a intentar sacar tiempo para ir antes al gimnasio, ahórratelo.

2. Ponte lo más cómodo que tengas. Este es esencial si no quieres ser la presa fácil de la selva.

3. O puedes ir directamente desnudo. Lo agradecerás y te lo agradecerán (o tal vez te echen, pero esta se la dejamos a la suerte).

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Mejor empiezo por el principio.

Sábado 16 de diciembre. Sin haber ido al gimnasio esa tarde, perfectamente cómoda y con ropa que iría de cabeza a la lavadora a la mañana siguiente, me presenté a las 22:00 h en la sala La Calle.

Finjamos que fui puntual. Esa noche, la ciudad hispalense acogía a Funkiwis y Batracio. Los primeros eran un auténtico misterio para la mayoría de los que estábamos en la puerta, recién llegados de Valencia para dar su primer concierto en Sevilla. Y después de esa noche, creo que voy a rezar a todos los dioses que encuentre en Wikipedia para que no sea el último. Y bueno, también les pondré un tuit, que tal vez sea más efectivo. Batracio, en cambio, para sus seguidores sevillanos son ese amigo al que no ves todos los días pero que, cuando por fin sacáis un hueco para veros, te hace sentir como en casa. Por supuesto, también te la lía parda.

Empezamos a charlar cerca de la puerta, cerveza en mano, mientras esperábamos a que se formase la cola para entrar. Unos quince minutos después, uno de mis amigos señaló la entrada, y allí estaban ellos. Los chicos de Batracio, que abrirían el concierto de esa noche, llegaron saltando sobre sus ancas de rana para avisarnos a todos de que ya podíamos dejar de pasar frío en la puerta, y dar paso a la acción. La sala La Calle parecía idónea para la última vez que Sevilla viese un concierto de Batracio hasta verano.

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Batracio

Por suerte, Dolores Umbridge nos enseñó que no debemos decir mentiras, y yo estaría mintiendo si dijese que eso me entristeció. Solo hizo falta que llegase la primera nota de ‘Si fuera por mi’ para que recordásemos que esto no había acabado, y al unísono le deseamos, como siempre, larga vida al Rey.

Cada miembro de Batracio desborda energía por los cuatro costados. Han logrado crear un equilibrio en sus directos donde cada una de sus nueve piezas es fundamental para el funcionamiento de este reloj (o bomba de relojería). Donde cada tema es una prueba de fuego en la que casi parece que todos los saltos, las palmas y los gritos se transmiten entre sus nueve miembros a través de las miradas que se dedican unos a otros.

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Batracio

Para que me entendáis, es como una cadena: Febes Vela, el vocalista principal, se encargaba de que su voz retumbase por todos los rincones de la sala, pero no estaba solo. A su derecha, Lola Buero, corista y última en incorporarse a la banda, ya era una más en esta familia y lo demostraba sobre el escenario. Parecía crear una única voz junto con Refu Rivero, a la izquierda. Ambas le dan a cada canción ese timbre que le faltaba a Batracio, y es que como no podían volar se quedaron en tierra para hacernos saltar a nosotros.

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Batracio

José Alberto Vázquez, uno de los fundadores de la banda junto con Febes, a la guitarra eléctrica por “Bona Fortuna” para nosotros, pero oye, un consejo: por nada del mundo vayáis a verlo si os estáis planteando aprender a tocar la guitarra. Os hará creer que un punteo es tan fácil como respirar, y luego las decepciones vienen solas.

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Batracio

Manuel ‘Mono’ a la batería, marcaba indudablemente el compás al que se movía el espectáculo, mientras que José Manuel Rodríguez el “Negro”, le daba al teclado para presentar uno de sus últimos temas, ‘Ceguera’. Una canción que creo que no aborrecería ni aunque me la pusiese como tono de alarma (no debo decir mentiras).

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Batracio

Sonaron ritmos tan conocidos por los seguidores de este grupo como son ‘Souciedad’, ‘Famelia’ o la mítica ‘La Charca’, pero no hay nada como cuando Javier Romero y Domingo Muñoz inauguran ‘No Vuelvas’ al sonido de trompeta y trombón, dos instrumentos imprescindibles que casi parecen marcar la esencia musical de este grupo.

Pero llega el final y todos se preparan, porque saben lo que se les viene encima. El himno que hace bailar a “El Pueblo” como ningún otro, aunque Febes ya no sabía de dónde sacar las fuerzas, la voz, y necesitase unos pies nuevos para poder seguir bailando. Pero siguió, con más energía que nunca.

Juan Bidegain entra en simbiosis con el bajo. Pocas veces abría los ojos durante la canción, y si lo hacía era para ver las caras de todos los que homenajeaban y disfrutaban de su música, el décimo y último integrante de Batracio, y el que más comprometido estuvo siempre para con el grupo: su público. Y lo hicieron de la mejor forma posible.

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Batracio

El pogo es un ritual ancestral que inventaron los primeros simios, y que aún hoy los simios del siglo XXI seguimos practicando. No hace falta que nadie marque el inicio: cuando ha llegado el momento, todos lo sabemos. Miradas de complicidad. Pasos hacia atrás. Se va creando el círculo, poco a poco. Nos dimos cuentas de que la unión hace la fuerza, y el pueblo que dormía, por fin se ha despertado. Y ahí está la verdadera magia de sus conciertos: entre saltos y gritos pierdes a tus amigos, los vuelves a encontrar porque os chocáis de bruces, crees haber visto alguna cara conocida, de esas que siempre les siguen a donde quiera que vayan a tocar, pero se esfuma tan deprisa como el tiempo que tardas en darte la vuelta para ver quien te ha metido ese pisotón que te va a servir de excusa para no ir a clase en unos días. Sí, lo sé, no suena muy acogedor, pero muchos coincidirán conmigo en que ir a un concierto de Batracio y no meterse en ese laberinto anarquista de sudores y empujones, es como quedarse a medias.

Y por cierto, mención especial a la persona desconocida que me cogió del brazo y me salvó de caerme de culo. Algunos héroes no llevan capa.

Así se despidieron, hasta próximo aviso, dejándonos una espinita clavada que solo podría curarla un buen concierto de Batracio en Cabo de Plata. ¿Quién se lo perdería, después de esto?

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Funkiwis

Funkiwis tenía en sus manos la espinosa tarea de reponer las pilas de un público ya exhausto. Poco a poco, muchos de los presentes hacían ademan de abandonar la sala. Aire, humo, una cama donde caerse muerto, cada uno iba buscando algo distinto. Pero los valencianos subieron al escenario, y desde el primer escalón empezaron a desprender ese tufillo a fuerza que impregnaba todo el local. Y es que Oscar Hache y Lluís Romero venían dispuestos a encarnar la Voz de la Ira, y vaya si lo hicieron.

Nos introdujeron con asombrosa facilidad dentro del ‘Mundo Roto’ de su último álbum, recién salido del horno este 2017. Y es que ‘Voz de la Ira’ es el cuarto single de este prometedor trabajo, repleto de principio a fin de una severa denuncia social que ha tomado forma de música. Un estilo agresivo y absolutamente personal fue el que nos sorprendió esa noche en la sala La Calle.

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Funkiwis

Y es que para hablar de Funkiwis, tenemos que tirar por tierra la vieja tendencia a encasillar y clasificarlo todo, ya que estos chicos se nutren de influencias que van más allá del propio hard rock, hip-hop, reggae o ska (géneros que también confluyen en Batracio), sin dejar atrás ese ritmo “in the groove” que les caracteriza.

Y por si 3 dimensiones fueran pocas, habiendo despertado el interés de todos aquellos que ya habían descansado suficiente, se nos abrió el paso a una ‘4a Dimensión’ en la que todo era posible.

El ritmo constante de batería era marcado por Rixi Galán, que aceleraba a la par que Jota Terranegra, a la guitarra. Los focos de luz casi parecían ser un miembro más del espectáculo, simulando un escenario en blanco y negro donde sólo importan los sonidos. Pero el verdadero comienzo llegó cuando los miembros de la banda rompieron con ‘Vuela’, posiblemente una de las más disfrutadas por el público, que no tardó en hacerla suya y llenar el local al grito de: ¡vuela, vuela como puedas por encima del humo!, mientras David Cases nos acompañaba al saxo, dando ese toque que sólo los instrumentos de viento (madera o metal) pueden aportar al ska.

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Funkiwis

Volvemos a 2015, y suenan temas de su segundo disco ‘Nadie al volante’. El público agradece poder moverse a un ritmo más relajado. Oscar, el vocalista, nos invita a bailar a nuestro propio compás, al son de ‘Teletransportarse’, donde el trombón de Eloy Javaloyas acompaña al saxo y la trompeta (conManu Pardo) en una introducción que tenía mucho de jazz. Lo complementa el punteo de la guitarra de Jota Terranegra, que marca la melodía que fusionará al resto de instrumentos para recordarnos que la música es esa “unificadora universal”, el arte que nos  acompaña sea cual sea la etapa de nuestra vida que estemos atravesando, o como ellos dicen, “pasando por cada estado anímico”.

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Funkiwis

Nuestra música es la fiel compañera que no nos abandona. Y allí estábamos, vete a saber cuántas personas cuyo nexo de unión en ese momento era la música que nos regalaba Funkiwis.

Poco duró la tranquilidad. La guitarra eléctrica de Salva Abad exigía, sin necesidad de palabras, la vuelta a la normalidad. Y nos recuperamos con ‘Ladrón’, tema que siguieron otros como ‘Ritmo Hostil’, ‘Demencial, Irracional’ o ‘Nómadas’, con los que volvimos a disfrutar las novedades de su último disco. A pesar de la fluidez y naturalidad que los miembros de Funkiwi’s desbordan sobre el escenario, no debemos olvidar que sólo existe una fórmula que da como resultado altas dosis de confianza en sí mismos: muchas horas de trabajo previas a la puesta en escena, duros ensayos y mucho compromiso. O eso, o estupefacientes.

Y con ‘Dos Hostias’ nos fuimos a casa, con la cabeza dando vueltas al ritmo frenético del último tema que tocaron para nosotros. Sin duda, fue una noche de comienzos, pero también de despedidas. De idas y venidas, de fatiga y energía, de una suma de dos bandas que tuvo como resultado un espectáculo de una calidad musical que cerraría las bocas de muchos de los que catalogan a estos grupos incipientes en el ámbito de la música no profesional.

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Funkiwis

En lo que a mi respecta, aprendí una lección que se ha grabado a fuego en mi cabeza. La  Historia está repleta de artistas a los que la sociedad nunca reconoció a tiempo. Qué pensaría ese señor que compró el único cuadro que Van Gogh vendió en vida a cambio de una miseria, si supiese que ahora le llueven las subastas a la obra de ese hombre que su tiempo ignoró. Qué pensarían en la discográfica que rechazó a los Beatles cuando otros apostaron por su talento, y acertaron. Pero ya estoy harta de este discurso tan gastado de que el talento se desaprovecha. De que hubo genios a los que la sociedad dejó pasar, a los que la sociedad nunca reconoció. A los que la historia tuvo que hacer justicia, y a veces ni siquiera el paso del tiempo les dio el reconocimiento que merecían. Y yo me pregunto, ¿a quién le importa la historia?

Nadie puede determinar si el día de mañana seréis historia, pero ahora sois presente. Y puedo decir que en aquel momento, vosotros fuisteis música. Y todos los que estábamos allí ese día, fuimos la sociedad que reconoció vuestro talento.

Redacción: Lourdes Barragán

Fotografía: Andrea Montblanch (Amerizaje Photography)

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