Black Lotus Fest: Crónica y video review de Wend StreetWear

*El pasado 3 de julio se llevó a cabo el Black Lotus Fest en la Sala X. Nuestro amigo y compañero Pablo Balbontín nos cuenta su versión del evento. Por su parte, wend StreetWear nos presenta este resumen del show.

La verdad es que hacer un concierto, con formato de mini festival, en Sevilla, en julio, en torno a las 8 de la tarde, a priori parece un suicidio. Pero sorpresivamente, cuando llegué a la Sala X, me encontré con serias dificultades para acceder al frente de la sala. Era tan sólo el primer grupo de 7 y la sala ya tenía un número considerable de personas dentro, muchos de ellos chicos y chicas jóvenes, que ya estaban con los headbangins y los hardcore dancing, desde tan tempranas horas. Se nota que todo lo que se denomina “core”, llámese al metalcore y deathcore actuales, gusta y mucho a la chavalada, y lo que es más importante, dan la respuesta ante un evento que no habrá sido, para nada, sencillo de organizar (si ir más lejos, una semana antes tuvieron que reestructurar el cartel ante la caída de unas cuantas bandas). Lo que provoca que los organizadores tengan ganas de seguir montando conciertos (no es la primera vez que Black Lotus Productions organiza algo, de hecho). Del mundillo del metal del que provengo, os aseguro que la situación, tristemente sería muy distinta. Empezando por la hora, con una puntualidad inglesa que provocó que, por desgracia, un servidor pudiese ver tan sólo dos canciones de Winter Descent.

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Winter Descent. Foto: Juan Verdugo

No estoy en condiciones de valorar un concierto con tan poco visto, de lo poco que pude presenciar vi a una banda bastante joven, pero a la altura de las circunstancias. Practican un Deathcore muy influenciado por Suicide Silence, de hecho, en el último tema, en el que contaron con la presencia de Aitor, vocalista de My Mom Dances Mosh, y que tenía ciertos aires grind, sonaba igual que cuando Suicide Silence se ponen en modo grind.

Sin embargo, en la pausa entre grupos, ya me percaté del mal que iba a asolar a la sala durante toda la jornada: El sonido. Puede que tan sólo fuera una noche, pero la Sala X, que abrió el año pasado, no estaba preparada para tales niveles de distorsión, y por ende, los instrumentos se acoplarían durante toda la noche. Ninguno se libró, en mayor, o menor grado, de sufrir problemas. Eso sí, nada que impidiese la continuación de los conciertos. Un mal menor, que tan sólo causó pequeños retrasos en las pruebas de sonido.

Los siguientes en entrar serían My Own Tempest, que se mueven en un metalcore crudo, unos fieles aprendices de gente como Inyourface o Chaos Before Gea, algunas referencias nacionales en lo que a metalcore cazurro se refiere. Es una banda muy joven, en todos los sentidos, con pocos temas propios: Una introducción, que precedió a la primera versión de la noche, el “Ghost Walking” de Lamb Of God, “Dream Hunters” y “Atmosphere”. El resto del repertorio de la escasa media hora de la que dispondrían todas las bandas, lógicamente serían versiones. Aunque servidor se ha quedado viejo para conocer a grupos como Defiler o Breakdown Of Sanity, la parroquia allí reunida, bastante más asidua a esos sonidos, sí que disfrutaron como enanos. Aunque a nivel técnico, de nuevo se vieron lastrados por ese dichoso sonido que no hacía posible en ocasiones escuchar ambas guitarras. Inconvenientes aparte, su vocalista, Fran, estuvo bastante acertado en su papel, conectando con la audiencia a través de numerosas bromas.

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My Own Tempest. Foto de José Luis Galloso.

No obstante, las siguientes bandas serían un punto y aparte, dando un toque de variedad a la noche. No soy mucho de decir cuál fue la mejor banda de la noche, pero Cut Milk me dejaron con la boca abierta. No son una banda nueva, ni mucho menos, y el trío lleva ya unos pocos años dando vueltas por salas de Sevilla (servidor nunca se había cruzado con ellos), y es una pena porque tienen un potencial asombroso. Una mezcla explosiva de Hip Hop, Hardcore Punk y electrónica (en la que cabían hasta sonidos dubstep), que logró que las hostias volasen por toda la sala. Si querían podían sonar tan brutos como Pantera (de hecho, uno de sus integrantes, Pablo Romero, era vocalista en Darrage, fuertemente influenciados en sus primeros años por la banda de Texas) tan callejeros como Cypress Hill, o directamente ponían el modo Rave a lo Prodigy. La contraprestación: si ya habíamos tenido antes problemas de sonido con bandas sencillas, imaginad con Cut Milk, cuya base musical se sustenta en gran parte en samplers…

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Cut Mulk. Foto: María Jiménez.

Y es que, por desgracia, su actuación se convirtió en ocasiones en una bola de sonido, donde era difícil discernir qué escuchábamos, incluso los propios músicos tenían dificultad para ello. Muy significativo el momento donde uno de ellos se acercó al amplificador con la guitarra con el objetivo de distinguir algo. Una de las mejores actuaciones de la noche, pero nos quedamos con la espina clavada de no haberles podido oír en condiciones.

Con respecto a la última vez que vi a Devil In You, debo decir que han mejorado bastante, gracias en gran medida a su nueva cantante, Bárbara, una mala bestia sobre el escenario a la hora de cantar, con un rango de voz parecido al de Angela Gossow antes de que esta se jodiese la voz. No obstante, no debería usar la voz gutural hasta hablando con el público, no queda bien y rompe la naturalidad de la comunicación con los asistentes. Pequeñas cosas que aún se deben pulir.

¿Qué practican estos veteranos? Death Metal al estilo de los últimos Entombed, lo que implica un sonido grueso con ciertos toques melódicos.  No tienen el característico sonido sueco 100%, aunque se notan dejes, y si la primera vez que los vi, tiraban más por el Death ‘n’ Roll, en los nuevos temas que tocaron, poco quedaba de esto.

La experiencia es un grado, y a nivel técnico fueron los mejores, en especial su guitarrista líder, que clavó todos y cada uno de sus solos (no es para menos, pues algunos de sus miembros llevan en la escena extrema sevillana bastantes años). Cierto es que musicalmente no concordaban demasiado con la mayoría de bandas, pero esto no impidió contagiar su energía al resto del público y que la respuesta fuera igual de positivamente violenta, con algunos circle pits y moshpits.

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Devil in You. Foto: Juan Verdugo

Quedaban para el final las tres bandas de fuera, y la razón por la cual muchos se habían acercado hasta la Sala X. Los primeros serían Close To The Sky, Metalcore con afinación de Djent, que para algo usaban esas anchas guitarras de 7 cuerdas. No obstante me llamó la atención el hecho de que no usaban bajista. ¿Habían decidido acaso que con las bajas frecuencias de las séptimas cuerdas, un bajo no era necesario? La solución era bastante más mundana. Tenían un nuevo bajista, pero no les había dado tiempo a incorporarlo al repertorio habitual de la banda.

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Close to the Sky. Foto: Juan Verdugo

Un concierto muy breve, pero muy potente, pero qué, sin embargo, se vio perjudicado por más problemas de sonido. De nuevo, con el uso de una afinación grave, más de lo que la sala podía aguantar, resultó en un nuevo acoplamiento del sonido, haciendo difícil distinguir qué estábamos oyendo en ocasiones.

Como suele decirse, tiraron de oficio y siguieron tocando como si todo fuese perfecto, el resultado: Una muy buena conexión entre grupo y asistentes.

Desde Murcia llegaban Fear My Intentions, que directamente fueron a saco, sin apenas parar en todo el concierto. Tenían un sonido tan grave y grueso que parecía que el sistema de sonido del recinto colapsaría en cualquier momento. Beatdown Hardcore de calidad, muy similar al de Desolated, de los cuales, por cierto, cayó el “End Of The Line”. Siguiendo la tónica habitual, la sala no estaba llena, pero cerca estaba de ello, y las primeras filas estaban reservadas a aquellos que se dedicaban al Hardcore dancing, en el que también se acabó haciendo moshpit. Un caos sublime.

Los murcianos (todos con el mismo uniforme, curiosamente), se comportaron como una apisonadora: Salieron, aplastaron, y se fueron. Media hora te antojó corta, pero con más tiempo el cerebro nos habría salido derretido por las orejas.

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Fear my Intentions. Foto: Pablo Balbontín

Después del intenso desgaste que supuso Fear My Intentions, a todos los niveles, y con el agotamiento acumulado de toda la jornada, la asistencia para Cannibal Grandpa se resintió ligeramente. Así, era comprensible que el público estuviera relativamente más calmado.

Musicamente no es de mi agrado, pero al César lo que es del César, y nada se les puede reprochar en lo referente a su actuación. Muy activos desde el minuto uno y con ganas de armar ruido, los que allí se quedaron, no se arrepintieron. Su Deathcore bestia, con todos los tics escénicos del género, no será ni lo más original ni lo mejor que escuche en mi vida, pero entretiene sobre las tablas, que al fin y al cabo es lo importante. Los Cannibal Grandpa también “se lo creyeron”, y de ahí esa intensidad que nos entregaron.

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Cannibal Grandpa. Foto: Juan Verdugo

Tras casi 5 horas de música en directo acabábamos exhaustos, las cosas que salieron bien en la organización, superaron con creces a todo problema que pudiese haber, y lo que es más importante, se da otro paso en la consolidación de este tipo de eventos. Nada es gratis, y nada sale sin esfuerzo, pero así, poco a poco, las cosas empiezan a pertenecer menos al ámbito del cuento de la lechera, y más al de la realidad.

Por: Pablo Balbontín

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